—Mierda… otra vez no –maldije sintiéndome excitada. Es que esos sueños, eran tan… verdaderos y a veces pensaba que estaba enloqueciendo. Enojada conmigo misma, observé la ventana.
Ya era de mañana, por suerte había algo de sol y supe que era mi oportunidad para salir. Tomé una mochila, con comida, algunas medias porque mis pies se congelaban con facilidad. Caminé dando pasos dudosos.
Pero seguí aquel camino, lo recordaba. Incluso me pareció poder sentir el aroma de aquel lobo en contra de mi nariz. Mis pasos avanzaron, junto con mi corazón bombardeando con una fuerza inédita.
Cada paso se transformó en centímetros más cercanos hacia mi destino. Finalmente llegué, mordí...