—¿Postres, de qué postre estás hablando?
—De los que me daba mi mamá... Pues.
Abre los ojos sorprendidos, jabía recordado algo. O tal vez eso sí lo recordaba.
—Lo único que recuerdo es comida.
—Si... tienes que dejar de pensar en comer.
La chica, con todo el esfuerzo del mundo, empujó el cuerpo. Hasta que poco a poco, llegó frente a la cueva. Dejó el cuerpo ahí, y lo volvió a cubrir con un montón de piedras que encontró.
No se veía nada; creyó haberse ocultado a sí misma. Suspira con un poco de alivio, y se alejó. Se mordió los labios sintiéndose más inquieta que nunca.
Escuchó un gruñido....