Sin embargo, ella, quería ayudar a la persona que amaba. Era doctora del hospital, podría conseguir la vacuna de forma fácil. Lo primero que hizo fue a tomar un taxi y dirigirse a su casa.
Al llegar, volvió para pagarle al taxista e ingresó.
—¿Elian..? —preguntó.
—¡Ay Dios mío..! estoy alucinando —comentó Elián mientras arrojaba una taza de café al suelo.
—N-no. Soy yo ¿estás bien?
—¿Me recuerdas, cómo sabes quién soy?
—Pues sí, al principio no, Pero ahora sí.
—Esto es muy confuso. Creo que me estoy volviendo loca.
—Elian, cariño... contrólate ¿Dónde está tu novio?
—¿Ahora no le dices oscuro? Ay Dios mío.
—¿De qué estás hablando? ¿Por...