Damen
Vi cómo Cassidy se daba la vuelta y corría, y, pese a que grité su nombre varias veces y le pedí que se detuviera, ella me ignoró. Tampoco era como si pudiera culparla, ya que sabía muy bien que era un idiota. De todos modos, desde el momento en el que posé mis ojos en ella esta noche, sentí que nuestro vínculo se reformaba y pude sentir su tristeza a través de él. Era como si alguien estuviera sentado sobre mi pecho, oprimiéndolo. Me dolía físicamente verla tan angustiada, y el solo saber que yo era la causa de todos sus males me hacía sentir peor.
Además, miles de...