Nadie trató de detenerme, y yo agradecí enormemente eso. Rápidamente corrí hacia mi cuarto y cerré la puerta. Entonces, salté a la cama y me apoyé contra el respaldo, cruzando las piernas en el proceso.
'Bueno, ¿qué fue todo eso?', le pregunté a mi loba, creyendo que ella tuvo algo que ver con todo el asunto.
'¡No fui yo!', me gritó de vuelta, y yo no pude evitar poner los ojos en blanco.
'O tú hiciste algo, o bien sabes la razón por la que ni siquiera pude darle una palmadita en la mano".
'¡Está bien! ¡Pero no puedes culparme, porque no es mi culpa!'.
'Explícame', le exigí mientras me...