Luego, lo vi haciendo algo que un Alfa, supuestamente, no debería hacer: se inclinó como si estuviera sometiéndose ante mí. Por un momento, dejé de gruñir y me puse derecha. Aún estaba a la defensiva, pero no podía creer que me hubiera mostrado debilidad y mucho menos que se sometiera. Después, volteó a verme para encontrarse con mis ojos; sus ojos tenían una expresión de suplica. Sin embargo, sabía que los míos seguían muy rojos y que mi loba estaba presente y enojada.
Entonces, Damen se transformó y volteé a ver a otro lado por su desnudez. Al escuchar sus pasos, me di la vuelta y volví a gruñir, olvidándome...