—Aunque se ve atractiva para ser una nómada—. Ese que estaba hablando era mi alma gemela, mi huella, mi compañero. Mientras hablaba de mí sin darse cuenta que podía escuchar cada palabra que pasaba por sus labios. Aunque para cualquier otra mujer del salón, incluida la maestra, eran susurros, yo podía escucharlos tan claro como lo haría un hombre.
—Amigo, no puedo creer que hayas dicho eso, ¿en serio te gustaría salir con una rouge?—. Otro de sus amigos preguntó con el mismo susurro pero con algo de desagrado. Sin embargo, seguí escuchando a pesar de que sabía que lo que dijera me rompería el corazón, pero necesitaba escucharlo de...