Una vez que llegué a casa, los niños comenzaron a bombardearme con preguntas con gran curiosidad: "¿Por qué dejamos a mamá? ¿Por qué papá no está con nosotros? ¿Dónde está papá?".
Por ello, respirando profundamente para una seria conversación con mis hijos, les señalé los asientos y, les dije con delicadeza: "Chicos, por favor, tomen asiento".
Tras escuchar mi pedido, ambos se sentaron juntos en el sofá que estaba frente al que yo estaba sentado; así que, iba a empezar a contarles lo sucedido. De hecho, no iba a contarles todo desde el principio, ni del por qué me escapé de aquí por primera vez; pues, a pesar de que...