—Está bien, lo haremos mañana —dijo con severidad. Entonces, asentí y me bajé de la cama.
—¡Gracias! —sonreí antes de salir de su recámara. No podía esperar a hacer esa broma, solo necesitaba que mañana estuviera distraído. Tampoco iba a dejar que se acercara a su coche o el plan fracasaría.
Doblé el papel y lo guardé en mi bolsillo antes de bajar las escaleras para entrar a la cocina. Había mujeres por todas partes preparando la cena a toda velocidad, así que me di la media vuelta y me salí porque no me gusta estar entre mucha gente.
Ya eran como las 7 de la tarde cuando subí las...