—A menos que quieras sentir algo similar a un hueso roto, te sugiero que voltees hacia otro lado—, les dije de mala manera después de sufrir 10 minutos de esto; entonces, ellos se estremecieron y sin dudar voltearon a ver a otra parte. No pude evitar sonreír y poner los ojos en blanco porque ni siquiera sabían que podía transformarme y ya los había asustado. No los hubiera considerado tan patéticos sino me hubiera divertido tanto.
Mientras todos entraban al salón, afortunadamente, de una manera muy tranquila, no pude evitar sentir como mi espalda se enderezaba al captar un aroma familiar. Ya había percibido ese olor y sólo hasta que...