—Quiero ir a mi casa — exigí, guardando mi teléfono y con el corazón en la garganta.
—No es conveniente que vayas a tu apartamento por ahora, por lo menos no mientras Rivera se encuentre libre.
—Necesito ir por ropa, no puedo estar así quién sabe por cuánto tiempo.
Tras notar que no sonaba su celular, la duda más se implantó en mi pecho. Necesito confirmar que este policía no es el mismo con el que he estado hablando. Habiendo tantos hombres policías, no puede ser precisamente este imbécil el que tantos pensamientos impuros me ha causado con esa imagen de su perfecto cuerpo a lo largo y bien duro....