A toda costa y a fuerza hice hasta lo indecible para no estrellarme en algún punto de la casa con la Srta. Bermúdez. Verla con ojos de deseo no me está ayudando en lo absoluto, más cuando hace mucho no tengo el gusto de disfrutar a plenitud a una bella dama que, de por más está decir, que está que se cae de lo buena. Mi mano y la divina imagen de mi Laura no es suficiente para satisfacer esos deseos que me han estado consumiendo con mayor intensidad en estos últimos tres días que he estado en casa. Necesito liberar estrés, ya que dos diablillas han logrado acumular bastante...