Laura
—¡Claro que sí! Pero no puedo cenar contigo de esta manera, ¡tú estás demasiado guapo! — salí corriendo como una pequeña niña que acaban de darle lo que tanto ha pedido en Navidad, escuchando su bonita risa a mis espaldas.
Ni siquiera esperé llegar al baño, a medida que subía por las escaleras me quitaba mi uniforme de mucama. Tan pronto llegué a la ducha, abrí la llave y con el corazón aún bombeando a mil, me bañé pensando en lo bien que me han sentado sus palabras, más cuando lo había visto todo perdido entre los dos.
Sé que aún no digo mi mayor secreto; no obstante, creo...