—También te deseo, mi amor — musitó, enredando de sus manos mi cabello y acercándome más a su boca.
No necesité nada más para seguir explorando su boca a mi antojo y llenar mis manos con las proporciones perfectas de su cuerpo. Empezamos a caminar torpemente hacía alguna dirección sin sentido, jadeando y besándonos como si el mundo se fuera acabar ahí mismo.
Chocamos con las paredes, pero no nos importaba nada a nuestro alrededor. Presioné su cuerpo contra una pared, llevando sus manos por arriba de su cabeza y descendiendo mis besos por su cuello. Joder, no tenía ni la menor idea de lo mucho que he soportado para...