Un año y medio más tarde...
Miré mi dedo anular izquierdo por trigésima vez ese día, aún me dejaba perpleja de que ese hermoso anillo estaba ahí. Aún recordaba bien el día que todo ocurrió, por supuesto mi hombre no había cambiado nada y seguía sin saber qué es el romanticismo...
Esa mañana desperté con la cegadora luz del sol que entraba por la ventana, por un momento antes de abrir mis ojos odié un poco a Christian por no correr las cortinas. Me removí en mi sueño y solté un suspiro de pura infelicidad cuando empecé a abrir mis ojos, yo estaba durmiendo de espaldas a la puerta y ...