Apenas crucé la puerta pude ver que mi ex – Amo estaba ahí, en su mesa de siempre, sonrió cuando me vio, pero yo lo ignore por completo, me senté al fondo, al lado de un gran ventanal “tendré que encontrar otra cafetería para trabajar” pensé ya que sabía que si seguía yendo a esa, era inevitable que siguiera encontrármelo. En cuanto me senté Jesica, la mesera, se acercó.
-¿qué va a tomar hoy, señorita támara?
-un té chai, por favor – contesté, la verdad no tenía cabeza para comer o tomar nada, pero tenía que pedir algo para poder ocupar la mesa.
En cuanto se fue Jesica, saqué el...