-Vamos, Tamara, despierta por favor – escuché su voz ¿estaba soñando? – si puedes oírme abre esos lindos ojos que tienes.
Todo se sentía muy confuso ¿dónde estaba? ¿Por qué podía escuchar su voz?, con mucha dificultad abrí los ojos poco a poco.
-¿Amo? ¿Dónde estamos?
-te desmayaste, estamos en la clínica.
-no entiendo… estaba en mi casa, haciendo ejercicio… ¿En qué minuto llegó? ¿Cómo me encontró?, yo no le he dado mi dirección.
-cuando no me contestaste por varias horas me preocupé, ¿sabías que puedes rastrear la ubicación de alguien con su número de teléfono? – dijo y me cerró un ojo.
-quiero irme de aquí, no estoy enferma...