-Llegaste a tiempo, eres una buena chica – dijo acariciando mi mejilla que aún estaba helada, el sonrió al notarlo. Una mesera se nos acerco, preguntando que íbamos a tomar – un expreso y un cheesecake – dijo él.
Yo me quedé pensando ¿cuántas calorías tendrá un capuchino? ¿El café o el té tenían calorías?
-un agua mineral para mi, gracias – dije. Mi Amo me miró con sospecha.
-¿desayunaste en tu casa? – preguntó.
No quería decirle que no había comido, supuse que me regañaría, entonces recordé “sin mentiras, no más secretos” había dicho.
-tengo que empezar a trabajar – dije sacando mi notebook, evitando su pregunta por completo.
-responde mi pregunta – dijo poniendo una mano sobre mi laptop.
-No Amo, no he comido, pero no tengo hambre – era cierto, de hecho hace días que andaba con muy poca hambre.
-No puedes desayunar solo agua – dijo él como si estuviera preocupado, quizás lo estaba aunque para mí no era la gran cosa.
-estoy a dieta – dije, no era mentira desde ese mismo día empezaría una estricta dieta para lograr llegar bien al lanzamiento.
-¿a dieta? ¿Es que no te has visto en un espejo? – dijo incrédulo.
-si – dije bajando la mirada mientras cubría mi gordo estómago con las manos.
-no me digas que piensas que estás gorda – dijo. La mesera volvió con nuestro pedido, entonces mi Amo le dijo – ella comerá un sándwich del campo.
-Amo, no… - dije pero él levantó su mano para callarme.
-si, anote el sándwich por favor – insistió.
-claro señor, enseguida se lo traigo – dijo la mesera y se fue. -Vas a comer, es una orden – dijo.
-Amo en serio no tengo hambre – dije, por alguna razón se me pusieron vidriosos los ojos, no podía comer, en serio no podía, ¿Qué pasaría si no logro bajar?, tenía que estar perfecta, la dueña de una marca de cosméticos no podía ser gorda.
-mírame – dijo sosteniendo mi rostro con una de sus manos – no necesitas bajar de peso, eres perfecta tal cual eres.
Guardé silencio sin saber qué decir…
-debo trabajar Amo – dije después de un minuto.
-bien, pero me aseguraré de que comas – dijo.
Esboce una sonrisa torcida, prendí el computador y empecé a revisar los correos, tal como hacía cada mañana, unos minutos después llegó la mesera con mi sándwich, baguette, lechuga, tomate y quesillo, eso eran muchas cosas, lo vi y sentí náuseas, seguí trabajando.
-¿Qué esperas? Come – dijo.
lo mire, sus ojos me miraban con intensidad, suspiré, tomé el sándwich y le di un pequeño mordisco, sentí como si me raspara la garganta, tomé un poco de agua pero era como si mi garganta estuviera cerrada, nunca había sentido algo así ¿Qué me pasaba?, deje el sándwich en el plato con cara de asco.
-vamos, es saludable, tiene verduras – dijo para animarme.
-lo sé Amo, es que no puedo…
-¿Cómo que no puedes? – preguntó.
-no tengo hambre – insistí.
-vamos, el desayuno es la comida más importante del día – insistió, empezó a irritarme. Me quedé mirando el sándwich, de repente las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos, él no entendía ¿Cómo iba a entender lo que significaba la presión de estar siempre perfecta? ¿Cómo iba a entender lo que significaba que nadie viera quien eres realmente? Que no importa lo exitosa que te veas para el mundo, sigues sintiendo que eres un fracaso.
-hey… tranquila… quizás fui muy duro… pero no puedo ayudarte si no me dices que te pasa.
-ud no entiende nada – dije, tomé mis cosas y salí corriendo del café.
-¡Tamara espera! ¡Vuelve aquí! – gritó pero yo sólo entré en mi auto y conduje de vuelta a mi casa.
Me encerré en mi pieza a llorar, ¿cómo le iba a explicar que me pasaba si ni yo misma lo sabía?, los mensajes empezaron a llegar uno tras otro pero no respondí, seguí llorando hasta la tarde, como a las 4 empezó con las llamadas, una tras otra, apagué el celular. Abrí el notebook y me puse a trabajar, tenía muchas cosas que hacer, había perdido mucho tiempo, como a la 1 de la mañana me quedé dormida sobre el escritorio.
Desperté a las 5 de la mañana con mucho frío, fui al baño, dónde tenía la pesa, solo había bajado 500 gramos, me puse 3 chalecos para apalear el frío, no había comido nada el día anterior, él tenía razón, debía comer algo pero me daba miedo que eso me hiciera volver a subir de peso, fui a la cocina, abrí el frigider, todo parecía demasiado calórico, me decidí por un yogurt light, me senté en la sala y lo comí lentamente, sentí náuseas. Me quedé ahí, ¿por qué mi casa siempre se sentía tan vacía? ¿Por qué siempre alejaba a todos? Mi Amo era el único que se había preocupado por mi y yo… no debí tratarlo así, no debí gritarle, el solo trataba de ayudar… No era la primera vez que me sentía así… otras veces había ayunado por varios días, otras veces había comido solo líquidos, sopas, papillas, jugos, ese tipo de cosas, había hecho mil dietas pero nunca tenía el resultado que quería, siempre que tenía una aparición en público me venía mucha ansiedad, la cual no me dejaba comer. De pronto sentí mucha culpa ¿Cuántas calorías comí? No puede ser, volveré a subir de peso, necesitaba hacer ejercicio, fui a la habitación donde tenía un pequeño gimnasio, puse música a todo volumen y troté en la trotadora durante 1 hora hasta que me sentí mareada. Me senté a recobrar el aliento. Prendí mi celular tenía 40 llamadas perdidas de mi Amo y muchos mensajes en el WhatsApp.
12:00 no puedes solo desaparecer así, vuelve ahora mismo, es una orden.
12:05 ¿Dónde estás?
12:10 contesta.
12:50 recuerda que debes reportarte.
13:30 solo dime que te pasa.
13:32 estoy preocupado por ti.
14:20 ¿has comido algo?
15:00 maldición, Tamara, contesta el maldito teléfono.
16:00 te lo advierto, si no me contestas lo pagarás muy caro.
16:15 esto no es divertido, ¿dónde estás? Iré por ti.
16:45 vamos, solo habla conmigo.
17:00 ok, es obvio que te esta pasando algo que no me quieres decir, solo quiero que sepas que soy más comprensivo de lo que parezco pero no te puedo ayudar si ni siquiera me dices nada, en serio, llámame, escríbeme o algo…
17:30 si no quieres comer al menos toma agua.
19:00 quiero que sepas que no estoy enojado por lo del café, solo estoy preocupado por ti, contesta por favor.
22:00 Acabo de salir de una reunión y veo que ni siquiera has visto mis mensajes, ¿dónde estás? ¿Estás bien?
23:00 esto ya pasó la raya, me voy a dormir pero si mañana no me contestas iré a buscarte a donde quiera que estés, recuerda que prometí no dejarte sola y yo siempre cumplo mis promesas.
Me quedé leyendo los mensajes una y otra vez, no entendía nada, lo había tratado pésimo ¿por qué no estaba enojado conmigo?, pensé en responderle pero no sabía qué decirle, me centré en el trabajo, me era difícil concentrarme pero de todas maneras logré sacar adelante mis cosas. Como a las 10 sonó la notificación de mi WhatsApp.
-Veo que al menos leíste mis mensajes, ahora dime dónde estás, quiero verte.
Decidí contestar y poner alguna excusa.
-lo siento por no contestar ayer, tuve varias reuniones y tuve que apagar el celular – era una total mentira pero no sabía qué más decir – por favor no venga, tengo mucho trabajo y no es buen momento para una sesión.
-¿Quién habló de sesión? – contestó enseguida – quiero verte, necesito asegurarme de que estás bien.
-Estoy bien, Amo, no se preocupe – escribí.
Dejé el celular a un lado, no podía seguir hablando con él, no quería mentirle pero tampoco podía explicarle lo que me pasaba porque ni siquiera yo lo entendía, la notificación sonó 10 veces más. Entre tanto volví a sentir el sabor del yogurt en mi boca, decidí hacer un poco más de ejercicio, necesitaba quemar todas las calorías posibles, hice cardio, no sé cuanto tiempo, lo único que sé es que en un momento todo dio vuelta y luego se tornó negro.