Cuando llegamos a casa sentí una gran alegría, todo estaba tal como lo había dejado, con la salvedad de que en el umbral que separaba el living del hall de entrada había un gran letrero que decía “bienvenida a casa” estaba hecho a mano con la letra de Daddy, además había cientos de globos alrededor. Mire a Daddy quien sonreía.
-¿usted hizo todo esto? – pregunté asombrada.
-así es, pequeña, quería que tuvieras una bienvenida como corresponde.
-¡gracias Daddy! – exclamé, solté el bolso que llevaba en las manos, rodee su cuello con mis manos y lo besé apasionadamente – es perfecto, él sonrió aún más.
-ven, llevemos las cosas...