—¿Qué demonios estás haciendo aquí?
Rápidamente corrí hacia la ventana para ayudarlo a entrar, pero, por desgracia, caímos al piso; yo encima suyo.
Me senté inmediatamente solo para encontrar mis piernas a ambos lados de su torso mientras él yacía aturdido.
"¿Ahora tienes hambre?" Alera movía la cola mientras se relamía.
No sabía cómo sentirme, ya que era todo nuevo y extraño para mí. De repente, sentí que algo crecía debajo mío, haciendo contacto con mi parte privada. Por suerte nuestra ropa preservaba la distancia entre nuestra piel desnuda.
Solté un gritito, que, de alguna manera, sonó como un gemido y rápidamente me tapé la boca con las manos.
Tal...