—Matt.— me puse nerviosa al notar que seguía mirándome directamente a los ojos, como si quisiera llorar.
—Matt.— dije de nuevo, ya inquieta con su silencio y preguntándome si había pasado algo. Sin embargo, para mi sorpresa, solo me besó y le respondí de inmediato.
Escuchamos a alguien aclararse la garganta para interrumpir nuestro beso; era mi padre, con una mirada incómoda en su rostro.
—Lo siento papá.— dije avergonzada.
—Asegúrate de traer a mi hija a casa a salvo, alfa.— le advirtió.
—No se preocupe, señor.— tiró de mi mano y saludó a mi papá antes de sacarme de la casa de la manada.
—Entonces, ¿A dónde me llevas?— ...