"Levántate y no pienses en vincularlo a él o a tu padre", me hizo un gesto y lentamente me levanté de la cama con su estúpido cuchillo que no se apartaba de mi garganta.
Tenía miedo de moverme ya que un movimiento en falso y el cuchillo de plata me cortaría el pobre cuello.
El bastardo creía que podía traicionar a Matteo y a la manada. Ni siquiera sé cómo se las arregló para llegar aquí tan rápido. Una explicación podría ser que nos siguió cuando salimos del club.
Me esposó las manos haciéndome estremecer un poco por los efectos de la plata que me quemaba la piel. Luego me...