Después de convertirme en su luna oficialmente y de concluir nuestra ceremonia de marcado, me acurruqué a su lado en la cama; los dos completamente vestidos.
De nuevo, se negó a aparearse conmigo esa noche y me dijo que esperara un poco más. Así que tuve que conformarme con besamos un poco y eso fue todo. Ahora, aquí estábamos, en la cama, abrazados inocentemente.
—¿En qué piensas? —Pregunté al verlo con la mirada fija en un espacio vacío.
—Nada, solo que me siento afortunado de tenerte, mi luna. —respondió con una sonrisa.
—Tienes que dormir, mañana iremos a la manada Crimson. Dante nos invitó a la gala de bienvenida de...