Eloisa
—¿¿Contratado?? —las palabras escaparon de mis labios mientras el miedo se apoderaba de mí.
—Lo siento —susurró Salomón. Trató de consolarme, colocó su mano sobre mí con ternura, pero me aparté de inmediato. No quería consuelo. ¡Acababa de enterarme que mi mejor amigo fue pagado para estar a mi lado!
—Papá, explícate —exigí, fulminando a Julián con la mirada. Todo mi cuerpo temblaba de rabia.
—Insististe en irte sola a Barcelona, y nuestra familia estaba siendo atacada por una manada enemiga peligrosa. Querían lastimarme dañando a mis hijos —dijo mi papá.
—No te lo dijimos porque no queríamos que vivieras con miedo constante —agregó mi mamá, con el rostro...