Eloisa
A la mañana siguiente, me levanté temprano para salir a correr. Julián me había dicho que fuéramos juntos, así que lo encontré afuera de mi casa.
–Buenos días –me saludó con una sonrisa.
–Buenos días –le respondí, y empezamos a correr. Nos detuvimos solo al llegar al muelle. Se había vuelto una rutina venir cada mañana con Julián a ver el amanecer, y cada tarde, a ver el atardecer.
–Es hermoso –murmuré, admirando el amanecer una vez más. No dejaba de sorprenderme, aunque lo veía cada día.
–Sin duda –respondió.
Comenzamos a hacer ejercicios simples cuando él me preguntó:
–¿Y ahora, qué sigue?
–Voy a ir a Barcelona para...