—¿Eloisa?
Una voz apenas audible me llamó. Quería correr hacia el auto y alejarme de allí, pero en su lugar, calmé mi corazón desbocado y reprimí a mi lobo interior antes de darme la vuelta para enfrentarlo.
Esbocé una sonrisa, tratando de actuar con normalidad, aunque la situación era cualquier cosa menos normal. Sentía la respiración atrapada en la garganta. A unos pasos de Salomón estaban Miguel y otro hombre que me resultaba familiar, aunque mi mente estaba demasiado alterada como para recordar de dónde lo conocía.
—¿Eloisa? —Salomón me llamó de nuevo, como si pensara que estaba alucinando.
—Salomón —intenté que mi voz sonara firme. Nuestras miradas se cruzaron....