—Mami... —Abrí lentamente los ojos y sonreí al ver a mi hijo.
—Buenos días, Sal —le sonreí y respondí mientras me acercaba al lado de LilacCatalina con anticipación. Fruncí el ceño.
—Sal, no la despiertes.
Sin embargo, mi hijo me ignoró y quitó la sábana que le cubría la mitad de la cara. Frunció el ceño profundamente.
—Está babeando.
Miré la hora en el reloj de la mesita de noche. Era un poco tarde, pero no demasiado.
—Mami, ¿quién es ella? —preguntó. Antes de que pudiera responderle, la puerta se abrió. Era Aurora, sonriéndome con dulzura.
—Buenos días, mami.
—Hola, mi amor.
Aurora saltó sobre la cama, haciendo que Catalina...