—Hola.
Y allí estaba ella, roja de la vergüenza, completamente incomoda y con un sentimiento de angustia que rompía su corazón en mil pedazos.
—Toma asiento, por favor.
Tan pronto lo hizo, él le ofreció algo de beber, pero ella se negó. Lo único que deseaba era el poder hablar y buscar respuesta a lo que estaba sucediendole a pocos días de casarse.
—Mira, no voy andar con rodeos. Quiero que me expliques qué sucedió en el día de hoy.
Erika no podía mantenerle la mirada y tubo que girar su cabeza prestando atención a una pareja que había sentada a pocas mesas y que estaban surrándose cosas bonitas.
—Erika—...