- Santiago. – dijo en un hilo de voz.
- Erika. – contesto de igual manera.
- Pasa. – se movió a un lado y ella ingresó para luego cerrar mal la puerta, porque esta quedó entre abierta. – siéntate dónde quieras. –
Ella sentía el corazón latir a mil por horas y a él le pasaba lo mismo. Ni bien ella se sentó en una de las sillas frente al escritorio la otra la ocupó él.
Por unos segundos se mantuvieron en silencio, sin siquiera mirarse a los ojos. La situación era bastante incómoda, pero alguien tenía que hablar y romper el hielo y ese alguien iba a ser...