- ¡por Dios Erika! ¿sigues con eso de no contarle la verdad? – le grita nerviosa Abril mientras camina de lado a lado en la habitación.
- No puedo hacerlo. – su amiga se agarra la cabeza justo antes de acercarse a ella y tomarle el rostro con ambas manos.
- ¿entiendes que la única manera que el caso se desestime es que ese infeliz se entere que no es el padre de Luca? –
Se sentía entre la espada y la pared. Por un lado, estaba su hijo a quien no quería perder, pero por otro lado estaba Santiago que tampoco lo quería perder y aunque cualquiera pudiera juzgarla,...