En cuanto el ascensor se detuvo, al mismo tiempo que las puertas se cerraron ella se soltó inmediatamente de los brazos de Sergio tratándolo como si fuera la peste, en tanto él, con una visible erección intentaba, en vano, volver acercarse a ella.
- Vente conmigo mamasita. - cargosea tomándola de los brazos y ella negándose. - terminemos lo que empezamos, aprovechemos que estamos solos en el ascensor y probablemente demoren en sacarnos. - y la abraza por la cintura.
En estos momentos se está arrepintiendo de haber actuado como una idiota ¿En qué cabeza cabe pensar que podría darle celos con ese chico que no ha dejado de perseguirla...