Cuando la mañana llegó y ella despertó, él no estaba en la cama. La había dejado sola.
Miró a su alrededor desde su lugar y su ropa tampoco se encontraba, por lo que comenzó a desesperarse y a sentir un nudo en su garganta que la hizo sentir ganas de llorar, pero se contuvo.
Se levantó y envolvió con la sábana su desnudez. No tenía tiempo para vestirse por lo que salió de la habitación desesperada y con el nudo en la garganta.
— ¡Santiago! — Lo llamó sin éxito —. ¡Santiago! — Volvió a intentar, pero no respondía a su llamado.
Recorrió la casa y tampoco lo encontró y...