—Que agotada estoy— dice Erika al llegar a la casa con su bebé en brazos dormido.
—Dámelo, que lo llevó a su cuarto.
Él lo toma entre sus brazos y se dirige escaleras arriba, mientras ella va directo a la cocina a preparar algo caliente para tomar. Café o leche para su esposo y chocolate con leche para ella.
Se tomó unos segundos para mirarse la mano y sonreír al verse con la alianza.
Una lágrima se escurre de sus ojos cuando irrumpe Santiago y al verla admirando su mano se acercó para abrazarla por detrás y besar su hombro.
—Soy feliz— tan solo escucharlo hizo que sujete sus manos...