Cuando la mañana llegó, él la despertó con el desayuno en la cama y ésta al ver el gesto no pudo evitar sonreír y besarlo.
— Gracias, amor.
— Desayuna y ponte guapa. Hoy iremos a la playa. — y le acerca una medialuna a la boca para luego recorrerle el cuerpo desnudo con la mirada, actitud que ella nota perfectamente.
— ¿Desea algo, señor? — indaga jugueteando.
— Podría ¿no? — se deja llevar por el poder de su seducción y coloca su mano en su rodilla izquierda y mientras se lame los labios va subiendo hasta llegar donde sus muslos los que aprieta con fuerza robándole un sonoro...