Ni bien Santiago aparcó en la casa que compartía con su prometida y su hijo pequeño Sergio sintió un nudo en la garganta, puesto que lo que tenía delante de sus ojos era un verdadero hogar, cosa que él nunca tuvo.
Un enorme jardín, con muchos juegos de parque donde seguro Luca jugaba, reía, corría y él, su padre, también hacía lo mismo y aunque intentó evadir su melancolía al no haber tenido eso de niño, Beltrán se dio cuenta.
- Hijo. – tomo su mano para descubrir sus ojos rojos. – sé que falle como padre contigo y no me alcanzará la vida para pedirte perdón. Te llené de...