—Maxi... yo— pero no le deja decir nada, porque de inmediato se va atender a su paciente.
Erika no tenía ganas de conocer a nadie. Aún su corazón latía por Santiago y no tenía intenciones de buscar a nadie para olvidarlo.
Le dolía saber que evidentemente a él se le había olvidado la familia por la que tanto había luchado, dejando a un lado a su propio hijo. Si quiera sabía porque había vuelto a Italia y aunque se hacía la fuerte, en silencio seguía llorando su ausencia. Pero no todo era como ella creía. De echo Beltrán nunca dejó de llamar a su hijo, solo que no era con...