CAMILE
Los días transcurrían lentos, tortuosos y agonizantes. El corazón se había calmado y el alma acostumbrado a sentirse sola. Poco a poco, el fuego se fue apagando solo y se volvió tan frío todo para mí, que sentí que el pasado fue solo un sueño del que había despertado, algo que nunca ocurrió. Las veces que creía haber dejado atrás a Henry, mis ojos se veían reflejados en los de mi pequeño, recordándome que indefectiblemente, aquel hombre sería parte de mi vida por siempre.
Sin embargo, durante cuatro meses, noche tras noche, fui guardando bajo llave en lo profundo de mí ser, todos los sentimientos que me habían hecho...