CAMILE
Luego del primer mes de haber estado en el rancho, tomé valor y cogí el teléfono, marcando el número de August.
Sentía como mi cuerpo temblaba mientras entraba la llamada. Sentía pena, vergüenza con un hombre tan maravilloso, ¿pero que podía hacer? Mis sentimientos me jugaron en contra y terminé más lastimada de lo que había estado.
Cuando estuve a punto de colgar, una suave voz se oyó del otro lado.
—¿Diga? —suspiré profundo al escucharlo, y esa sensación de paz que sentía a su lado, apareció como era habitual con su cercanía, como si en verdad estuviera allí.
—Hola, August. Soy Camile… —dije titubeante y el silencio abarcó...