HENRY
De inmediato se puso de pie y salió corriendo en dirección al salón principal. Al rato, regresó feliz y sonriente con una caja bastante grande de color azul y un ancho lazo rojo que se anudaba en un moño en la cúspide de la caja.
Lo colocó delante de mí, sobre la mesa, dando pequeños saltitos como una niña pequeña, cosa que me arrancó una genuina sonrisa.
—¡Ábrelo ya! —pidió, y mientras negaba por su emoción, fui tirando del lazo hasta deshacer el nudo. Levanté la tapa del paquete para vislumbrar su interior.
Extraje despacio un sombrero negro y fruncí el ceño, buscando respuesta en sus ojos.
Ni corta...