HENRY
La noche había sido dolorosamente larga. Me costó acostumbrarme a la cama y a las sábanas de seda después de tanto tiempo, sin contar que el único lugar donde había dormido en lugares similares, fue con ella.
Luego de dar vueltas y vueltas en la cama, me había puesto de pie y caminé hasta el enorme ventanal con vista al jardín para abrirlo y dejar que ingresara ese aire helado que habitaba afuera. Necesitaba dejar de sentir, dejar de pensar y por sobre todo, dejar atrás todo instinto de compasión que pudiera seguir viviendo en mis adentros.
Cerré mis ojos y aspiré el aire helado de afuera. A pesar...