HENRY
Lo poco que quedaba del día, los dediqué en descansar porque no había podido conciliar el sueño. Para mi sorpresa, al día siguiente desperté pasado el mediodía y al bajar, un tanto apenado por haberme pegado a las sábanas, me encontré con un festín de banquetes que solo había visto en películas.
De inmediato, una mujer se acercó para arrastrarme a la mesa, hablando rápidamente en su idioma. Gracias a Dios, en la universidad había tomado algunas clases de italiano y francés, y no me sentía tan perdido y fuera de lugar.
La semana transcurrió como si se tratara de un minuto.
El encargado de las plantaciones de cítricos...