29 de julio de 2016
Mis ojos se volvieron a cerrar y la palma de mi mano se fue deslizando despacio, haciendo fricción con mi mejilla. Cabeceé por quinta vez. Abrí los ojos de golpe a darme cuenta que me quedé dormida otra vez. Me dolía el codo de tenerlo apoyado tanto tiempo sobre el mostrador. No entendía como rayos lograba dormitar estando de pie. Era un hecho curioso que me sucedía todos los lunes.
La campanita de la entrada sonó, avisándome que había llegado alguien. Me puse de puntillas para ver de quien se trataba y me sentí muy aliviada al percatarme que era Gabrielle. No tenía ánimos para...