Llegué al hospital faltando diez minutos para el mediodía. Tuve que esperar que mi hermanita me preparara una bolsa con el almuerzo, pues según ella, estaba muy delgada y pálida, y necesitaba estar fuerte para poder darle todo mi apoyo a Antoine.
Entré a toda prisa, dando tumbos por los pasillos prolijos del hospital, pero en cuanto llegué a la habitación, donde tendría que estar Antoine, mi corazón se paralizó al ver una cama vacía. Mis sentidos se alertaron de inmediato y un pensamiento fatalista cruzó por mi mente.
—No —dije entre dientes. Mis ojos se humedecieron—. ¿Dónde está? —continué susurrando para mí.
Miré en todas direcciones, sintiendo que la...