CARLOS.
Olivia se fue el domingo para su casa.
Le pedí que buscase ropa y algunas cosas y que se trasladara de inmediato a mi apartamento, pero pidió que me tranquilizara, ya que debía arreglar algunas cosas allá. Le pregunté de qué se trataba, volvió a relucir la palabra “tranquilo” en nuestra conversa. Decidí no insistir.
Me preocupaba que estuviese en peligro. Necesitaba que estuviésemos juntos y tenerla cerca la mayor parte del tiempo. Ella y yo nos parecemos en algo, en lo reservado que somos. Olivia no me cuenta muchas cosas de su vida, no se abre tan fácilmente ante la gente, ni ante mí. Sabiendo que lleva una...