CARLOS.
Solo me faltaba un poco para llegar.
El sonido de nuestros cuerpos sudorosos y ejercitados chochando entre sí, era la gloria.
Esta mujer casi me mata. Consideré que le habían echado algo al vino o a la comida porque se excitó demasiado. Si no fuera por Marco, habríamos tenido sexo en cualquier rincón cercano a la puerta del apartamento y si no le hubiese informado a tiempo que Juan posiblemente estaba dentro del piso, de seguro guardaríamos un recuerdo vergonsozo de por vida.
Solo bastó con encerrarnos en el cuarto para que se volviera loca.
Se quitó el vestido, quedándose en tacones, liberando sus tetas y su monte de...