CARLOS.
Las navidades habían llegado y Caracas prometía buen clima, locura extrema y nada de detenimientos.
Así era la gran ciudad, la segunda gran manzana del mundo, con sus grupos de personas empujándote en el metro, cada quien en lo suyo, yendo y viniendo, abarrotados de pensamientos y apuros, deudas y desenfreno. Me gustaba la ciudad, no podía negarlo, pero al mismo tiempo extrañaba demasiado a Maracaibo, a su gente, a Olivia.
El tiempo pasó volando y me vi montado sobre sus alas, aunque no era mi intensión. Mientras me desgarraba el pensar que no volvería tan pronto, comenzando a laborar de manera online solo para despedir el año, al...