CARLOS.
—Deja que pague la cuenta —me dijo Meléndez y dejé que lo hiciera y que a propósito se levantara y fuera a pasar su tarjeta en la caja, cuando bien sabemos que los mesoneros nos traen el punto de venta a la mesa, o lo que sea…, necesitaba quedarme solo por un instante.
Me dediqué a mirarla.
Tenía puesto su uniforme y le quedaba perfecto.
Ya la había visto con esas prendas, pero algo era distinto, algo pasaba ese día. Creo que aún siento el descoloco en el que quedé con todo lo sucedido.
El mesonero se acercó a ellos y vi cómo el sujeto que almorzó con mi...