Abrí los ojos y encontré el reloj sobre la pequeña mesa de noche, junto a la cama, seis y quince de la mañana, podía sentir el cuerpo laxo y relajado en mi espalda de Carter, y agradecí internamente a mi reloj biológico, por haber despertado antes de que sonara la alarma programada a las siete de la mañana, los recuerdos de lo sucedido durante la madrugada eran, una de vergüenza sobre mi orgullo.
"Ya no me va a querer…"
Aquella voz, perteneciente a la niña rota, abusada y fracturada, encerrada en lo más profundo de mi inconsciente. No había escuchado su voz desde que había dado los exámenes para el...