Estaba seguro de que había sido lo suficientemente claro con mi escurridiza doctora, aun así después de aquellos diez minutos de poder deleitarme con sus exquisitos labios y nuevamente tener mis niveles de frustración por los cielos, tres días habían pasado sin tener noticias de ella, pero está vez, no iba a pecar de estúpido, le había pedido a Olivia, que se llevaba particularmente bien con el equipo de enfermería, que averiguara qué tan atestada de trabajo estaba Lizbeth, si podía robar su agenda de alguna forma lo haría, la arrinconaría contra algún armario si era necesario para que se diera cuenta de que no podía dejarme fuera de su...