Desperté sumida en la suavidad de las sanadas de seda, al abrir los ojos, me encontré en un lugar desconocido, el aroma en la almohada trajo el recuerdo a mi memoria.
“Vamos a mi casa, se te acabó el tiempo preciosa”
Todo mi cuerpo se estremeció ante la anticipación en sus palabras, miré la hora en el reloj, en la pequeña mesa junto a la cama, doce de la noche, había dormido varias horas desde que me había rescatado de mí misma, en la oficina. Me levanté de la cama y me puse a inspeccionar el sitio, una amplia habitación en un espacio abierto un par de sofás, libreros, la...